26 julio 2006

Es necesario ser un paciente con buen ojo clínico:

Si uno tiene la suerte de poder pagar una Isapre o seguro de salud privado, puede no estar conciente de que tiene el problema de decidir por sí mismo a qué especialidad médica corresponde tal o cual síntoma que le aqueja.

Si se llega a equivocar, puede encontrarse siguiendo un tratamiento no sólo caro, no sólo largo, sino que soluciona parcialmente el problema. Esto ocurre por una deformación profesional de los médicos. Ellos curan su enfermedad, desde su especialidad; y esto puede ser malo para el paciente algunas veces.

Ejemplo 1: usted llora de dolor al amamantar, su oficina no tiene refrigerador para guardar la leche que necesita sacarse en un sucio baño para dársela al bebé al día siguiente. En el control mensual, ojerosa y angustiada, pregunta al pediatra qué hacer, porque ya no aguanta más el dar pecho, sumado a cuidar el trabajo, a los otros hijos y un largo etcétera. Pero para el pediatra, usted es sólo la madre de su paciente. A su paciente le hace bien la leche materna y eso es lo único importante. La misma pregunta, realizada al siquiatra que la trató por depresión post parto o al mismo ginecólogo que atendió el parto, puede ser radicalmente destinta.

Ejemplo 2: Hace años que va donde el reumatólogo por su artrosis. Ahora vuelve porque, a pesar de tomar los remedios carísimos que detendrían en parte el avance de la enfermedad, los dolores aumentan considerablemente y su calidad de vida va en picada. Lamentablemente, el objetivo del médico es tratar la enfermedad, no necesariamente el dolor. Pero como usted llega quejándose de dolor, le prescribe un calmante algo más fuerte, que funciona por un tiempo. Si usted hubiese ido a donde un especialista en dolor, este podría haber estudiado con más detalle la naturaleza de su condición para darle un tratamiento que erradique el dolor de mejor manera, sin quitarle, por supuesto, los medicamentos que tratan la artrosis propiamente tal. Es que el objetivo del especialista en dolor es aliviar el dolor. Y eso es lo que buscaba este paciente en particular, a pesar de saber cuál es la causa de ese dolor.

Ejemplo 3: Padecer de acné después de los 25 años de edad ya no puede ser producto de la pubertad. Así que se decide a ir a un dermatólogo, quien determina que el caso no es tan grave y puede tratarse con cremas: una para el día, una para la noche, una para aplicar en el grano. También recomienda un jabón especial y sugiere hacerse una limpieza de cutis con su cosmetóloga de confianza. El acné va mejorando, pero no se va completamente. ¿Se le ocurrió quizás, acudir al endocrinólogo? Este hará un examen para determinar qué hormonas está produciendo de más, o de menos, y las balanceará, solucionando el problema del acné de raíz, además de muchos otros problemas tanto de la piel como de todo el organismo.

Claro que jamás el dermatólogo dirá que valla al endocrinólogo, o el reumatólogo derivará al paciente al especialista en dolor. ¿Por qué perder a un paciente si él también puede, desde su especialidad, hacer algo para ayudar a esa persona?, dirá el médico. Así que no queda más que ser uno, el paciente, quien tenga el “ojo clínico” adecuado para saber a quién preguntar cada pregunta. Porque las respuestas pueden ser muy distintas, en desmedro de algo tan apreciado como la salud.