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20 junio 2006
Rico y económico:
Cuando se combinan poco tiempo y poca plata, comer sano, rico y barato parece misión imposible: Por eso, acá transcribo un artículo que encontré en www.ciudad.com.ar:
Nuestros abuelos nunca hubieran necesitado consejos para ingeniárselas alimentándose con lo que tenían, pero en nuestra alocada rutina y después de años de congelados y microondas, pueden ser muy útiles algunas ideas de los que más experiencia tienen en las artes de la cocina económica.
Para empezar, hay algunos cambios de hábitos que pueden ayudar. El menú debe diseñarse con los alimentos que están en oferta –no los que dan ganas de comprar en el momento-, así como con las verduras y frutas de estación (que se pueden aprovechar para hacer varias comidas a la vez: tartas, canelones, ensaladas) Las dietéticas del barrio son un buen lugar para consultar y aprender sobre nuevos condimentos y comidas (por ejemplo, las legumbres como la soja y los garbanzos son sanos, baratos y fáciles de cocinar, en guisos y ensaladas) y las compras comunitarias en el mercado central que han empezado a organizarse entre vecinos, otra opción interesante. No hay que olvidar que la cocción de más de una comida a la vez en el horno ahorra tiempo, energías y dinero. ![]()
Las hierbas y especias saborizan los platos sencillos, son baratas y se pueden incorporar frescas o deshidratadas: tomillo, romero, laurel (fundamental), nuez moscada, perejil, apio, albahaca (la disecada es mucho más económica), estragón (dulce y muy francés, ideal para combinar con pimienta negra) y ajo, que ayuda a bajar el colesterol y la presión arterial.
Igual de nutrientes que el bife de lomo, hay muchas más carnes y menudencias que no consumíamos por costumbre y prejuicio. Por ejemplo, el azotillo es un corte barato, muy rico y sin grasa. Se puede utilizar como un “falso matambre” o procesado para relleno de pastas o albóndigas. El seso, a pesar del rechazo que su nombre produce, es rico en proteínas y vitaminas. Para asegurar que esté fresco, su color debe ser rosado blancuzco (nunca morado o negro) y para cocinarlo, se le saca piel y nervaduras y se lo hierve 15 minutos en agua con sal. Es recomendable dejar que se entibie en el agua para que no se oscurezca y se puede servir tibio, con papas, a la milanesa, como relleno de pastas o como paté (picadito con huevo y cebolla)
Entre los pescados, el gatuzzo o el pollo de mar son de carne más compacta que la merluza y no tienen espinas. Para aprovechar el precio de los que se venden enteros, y ahorrar tiempo, se puede pedir al vendedor que lo limpie, lo corte a la mitad y le saque escamas y esqueleto. Así abierto, va directamente al horno, con aros de cebolla encima: la carne queda pegada a la piel, que sirve de cáscara, lo que hace que se aproveche mucho más que el fileteado.
Otra forma muy fácil de cocinarlos es hervirlos con limón o con vinagre y estragón (evitan que se deshaga y le dan un gusto muy rico), además del clásico “a la romana”.
Las verduras no sólo tienen mejor sabor, si no que también conservan sus vitaminas, cocinadas al vapor. Si no se tiene vaporiera, es más barato comprar un difusor, que se coloca en el fondo de la olla tapada, a fuego lento y con un solo chorrito de agua.
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